Las tentaciones de Jesús
o la parábola de la iglesia moderna |
por Eliana Gilmartin
|
Como
cada letra en las Sagradas Escrituras, este pasaje de Mateo 4 se
vuelve actual, perenne y sabio para encuadrar uno de los males que
están aquejando a cierto sector de la cristiandad de los últimos
tiempos, recordándonos que no necesitamos nada más, y nada
menos, que la Palabra de Dios para hallar todas las respuestas, en
todas las edades...
¿Por
qué, es la pregunta que muchos se hacen, el Señor escogió específicamente
estas tres tentaciones, y no otras, para que queden registradas en
su Palabra? ¿Es que, acaso, no tuvo ninguna otra tentación el Señor?
Hebreos 4:15 se ocupa de aclarar que El fue tentado en
todo, pero sin pecado... Y “en todo”, quiere decir: en
todo. Jesucristo, siendo hombre, fue tentado con muchas otras
tentaciones, parecidas o no a las que debemos soportar cualquiera
de los mortales...
Sin
embargo, sólo se escogen tres en este pasaje, quizás para
alertarnos sobre algunos peligros que deberemos afrontar como
cristianos, y sobre los que, tal vez, nos hallemos más
desprevenidos. Es que estas tentaciones no tienen que ver
estrictamente con lo moral como sería de esperar por tratarse de
una tentación, sino más bien con la fe: el Señor ya sabía, y
nosotros deberíamos saberlo lo antes posible, que la apostasía
saldría desde el propio seno de la Iglesia, ya que en los últimos
tiempos muchos apostatarían de la fe, enseñando fábulas
profanas, diluyendo las Escrituras, humanizándolas, adecuándolas
a la pecaminosa y carnal mente humana.
Pues
bien, las tentaciones son tres, y constituyen una radiografía de
la cristiandad que vemos, y que veremos aun más conforme pasan
los tiempos.
El
Señor había estado ayunando, es decir, había estado dedicado
durante cuarenta días a las cosas del espíritu, pero le
sobrevino hambre. Él era un ser humano, igual a nosotros, y
necesitaba tener sus necesidades básicas satisfechas... Y de esto
se trata...
El
diablo se acerca a Él y le susurra al oído: “ No es tan
importante el tiempo que dedicaste sólo a lo espiritual. En fin,
no es tan importante lo espiritual... La verdad es que tienes
necesidades, y debes cubrirlas, y mi propuesta es hacerlo.”
Hablaron de hambre, pero podrían haber dicho ‘frío’, ‘un
techo’, ‘ropa’, ‘diversión’, ‘comodidad’,
‘salud’, ‘atención’... etc. En fin, todo lo que un
hombre, una mujer, una familia, necesitan para vivir sin
sobresaltos...
La
primera tentación es a cubrir todo lo que necesitamos
materialmente... “Venga a Jesús, y viva como un hijo del rey,
no padezca estrecheces económicas, sea prosperado, tenga salud,
visualice el mejor auto que pueda pedirle al Padre, y proclámelo
con su boca, El seguro se lo dará si usted tiene suficiente
fe...”
El
primer ofrecimiento que el enemigo quisiera hacer es a seguir al
Señor por los panes y los peces: no importa tanto lo
espiritual... importa más lo material, parece que quisiera
convencer a las gentes... Lo peor es que a veces lo consigue... Más
de lo que nos gustaría...
Para
tentarlo por segunda vez lo lleva al pináculo del templo, a la
parte más alta, y le ofrece tirarse abajo, para probar quién era
realmente... Si era Dios, los ángeles lo sostendrían
suavemente... “Si eres Dios, quería decirle, eres invulnerable,
imbatible, nada te podrá hacer frente... Demuestra quién eres”
Es como la historia de aquellos cristianos que andan por el mundo
creyendo, equivocadamente, que por ser hijos de Dios tienen como
un “pasaporte diplomático”: si son fuertes, nada les pasa...
Ahora si se enferman, caen, o simplemente son pobres, es que Dios
no está con ellos. El termómetro de la espiritualidad se mide
por su éxito visible. Son los que caminan por la vida “haciendo
prodigios”, aunque vivan de cualquier manera: ¿Qué importa? Si
de todas formas, “ninguna arma forjada contra mí prosperará...”
Hasta, a veces, pecan indolentemente, amparados en el paraguas
bienhechor de la equivocada invulnerabilidad... “Mira quién
soy, cuídate” parecieran esparcir a los cuatro vientos:
toman el ser hijos de Dios con la vanidad que sólo puede
provenir de la carne... Permanentemente quieren demostrar que son
algo especial, quizás superiores a los demás... Olvidan,
casualmente, aquello de que somos lo peor, lo más vil, lo
despreciado, lo que no es...
La
tercera tentación tiene que ver con el poder: el diablo le
muestra al Señor todos los reinos de la tierra, y le ofrece
tenerlos, al módico precio de adorarle, postrado a sus pies... ¡Que
increíble tentación la de tener poder! ¿Quién podría
sustraerse a ese deseo? Poder
para derribar, atar y exterminar al enemigo, poder para desbaratar
todos los planes del maligno... Tanto poder que todas las legiones
satánicas se esconden a nuestro paso de tan temibles que somos...
Poder para sanar... Pareciera que aun se puede tener poder para
torcer la voluntad de Dios cuando no nos es propicia... Y hasta
nos atrevemos a desafiar a los impíos... “Cuidadito con
nosotros, que no sólo somos imbatibles, sino que además podemos
orar en contra de alguien y quién sabe lo que puede pasar...”
¿Hemos
visto, alguna vez, a cristianos con estas características? ¿Verdad
que sí? ¿Somos nosotros así? ¿Estamos predicando un evangelio
aguado como este? ¿Ofrecemos, o queremos, prosperidad,
invulnerabilidad, poder?
Las
tres tentaciones, en realidad, esconden una única finalidad del
enemigo: dejar a un lado, lo más oculta posible, la cruz de
Cristo. El diablo, en realidad, le quería ofrecer al Señor todo...
sin ir a la cruz ...
Este
propósito escondido de aquel tiempo es el mismo que sigue
teniendo hoy día: el diablo quiere cristianos sin cruz. El
enemigo busca iglesias sin cruz. Que prefieran la prosperidad y el
poder, antes que los cuarenta días en el desierto ayunando...
El
enemigo quiere cristianos triunfalistas, pero que desconocen todo
lo que “escrito está”, porque estos serán cristianos débiles,
flacos en su fe, siempre dispuestos a consumir cualquier alimento
rápido de los que se ofrecen a cada paso en las vidrieras
cristianas modernas...
Es
verdad que como seres humanos somos tentados de muchas y variadas
maneras a lo largo de todo nuestro peregrinar cristiano, pero como
cristianos, y en cuanto a nuestra fe, es imperioso cuidarnos de no
caer en estas trampas, porque si persistimos en comer leche
adulterada, quizás adelantemos en tamaño, pero quizás también
enfermemos de debilidad espiritual y muramos lentamente...
Si
la cruz no es el mensaje predominante, tal vez, en algún punto de
nuestro desierto el enemigo haya aprovechado para confundirnos.
Debemos estar vigilantes...
Las
tentaciones de Jesús fueron tres, y fue una sola ...Y por eso es
una parábola de la iglesia moderna... Porque una cristiandad sin
cruz es una cristiandad sin Cristo crucificado...Una cristiandad
sin Cristo crucificado es una cristiandad sin redención...Una
cristiandad sin redención habrá perdido de vista la noción de
pecado, de perdón, de salvación eterna...
Y una cristiandad así, ¿Qué es?
|
 |
EL
AUTOR |
 |
|
|
|
|
Eliana Valzura de Gilmartin |
|
|
|
|
|
|
|
|
 |
DEL
MISMO AUTOR |
 |
|
|
|
|
|
|
|
|