Arreglando el altar de Dios en nuestro hogar

Abel Gilmartin

Arreglando el altar de Dios en nuestro hogar

Por Abel Gilmartin

 

Uno de los temas favoritos de muchas iglesias es el del avivamiento. Algunos recomiendan fórmulas, situaciones, estados y otras cosas.

Interesante es lo que encontramos en la Palabra de Dios al respecto: cada vez que su pueblo hacía caso a su Palabra y rendía culto a Dios, se producía un despertar en toda la nación.

Hoy día también ocurre lo mismo: nuestra vida es despertada por el Espíritu Santo cuando nos acercamos a Él.

En el tiempo de Elías sucedió algo muy particular. En 1º Reyes capítulo 18, el profeta Elías desafía a los profetas de Baal. El desafío consistía en presentar un buey en sacrificio y aquel Dios que hiciera descender fuego de lo alto, ese sería el Dios verdadero.

Los profetas de Baal clamaron a él por horas. .. Pero no descendió fuego del cielo.

Cuando llegó el turno de Elías para presentar el buey en sacrificio, leemos: (vs.30) “Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado. (vs38 y 39) Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. 39Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!”

Elías no utilizó el altar que utilizaron los profetas de Baal, utilizó el altar de Jehová que por años había estado abandonado. El rey Acab llevó al pueblo a este estado y situación.

En estos tiempos tan difíciles donde el trabajo, el cansancio, la falta de ganas y tantas otras cosas más, han llevado a muchos creyentes a abandonar el altar en sus casas, hay creyentes que tienen relación con el Señor sólo una vez por semana, y por ello se van secando, y cuando ven tal situación ya no le encuentran sentido a seguir a Dios.

¡Basta! Dios nos esta llamando a arreglar su altar que esta arruinado en nuestra casa. Quiere estar vivo en nuestro hogar. ¿De que manera? ¿Cómo lo hago? ¿En que consiste arreglar el altar?

Es tan sencillo, como lo fue con Elías.

Júntese con su esposa e hijos, con los que viven en su hogar y comience a buscar a Dios. Cante alabanzas, adore a Dios, alabe en el espíritu, dé una palabra profética si Dios se la da, comente un pasaje de las Escrituras y deje que su corazón arda como el de Cleofás (San Lucas 24:32): déle libertad al Espíritu Santo. Ore por sus hijos, cónyuge. Bendígalos. Se sorprenderá de los resultados ¡Descenderá fuego de lo alto!

Alguno pensará que todo lo que mencioné anteriormente tiene lugar en la iglesia. Justamente, lo que ocurre en la iglesia debe ocurrir en mi casa, y en la suya.

Quedará maravillado cuando escuche orar a sus hijos en su casa. En el templo, por vergüenza o timidez, nunca se los escucha orar. En su casa sí. Ellos, sus hijos, y ustedes, sus padres, comenzarán a tener una relación mucho más intima con el Señor. El altar de Dios comenzará a ser arreglado y el fuego del Señor descenderá allí.

 

La presencia de Dios bendice

 

En el segundo libro de de Samuel, capítulo 6, vemos que ocurrió algo muy llamativo. David decide llevar el arca a su ciudad, pero fue llevada no en los hombros de los Levitas como Dios lo indicó, sino en un carro nuevo. Como resultado de la desobediencia, Uza, que iba en el carro, al trastabillar los bueyes y a punto de caer el arca, la contuvo con la mano y murió en el acto.

David quedo muy triste por esto, y agregó, (2º Samuel 6:9-11) “Y temiendo David a Jehová aquel día, dijo: ¿Cómo ha de venir a mí el arca de Jehová? 10De modo que David no quiso traer para sí el arca de Jehová a la ciudad de David; y la hizo llevar David a casa de Obed-edom geteo. 11Y estuvo el arca de Jehová en casa de Obed-edom geteo tres meses; y bendijo Jehová a Obed-edom y a toda su casa.

Tiene su enseñanza lo de David, también lo de Uza. Pero por un momento nos detenemos en Obed-edom. ¡Su casa fue bendecida! ¿Por qué? Porque la presencia de Dios entro allí. Imagino lo que habrán sido esos tres meses en casa de Obed-edom. Una fiesta. Imagino el clima que habría en esa casa. La relación entre todos los que estaban ahí sería excelente. No habría discusiones, ni tristeza, ni amargura. Gozo, paz, bondad, mansedumbre, etc., esto si abundaba.

Claro, al tiempo le llegan noticias a David de que la casa de Obed-edom era bendecida y no dudó, llevó el arca a su ciudad. Pero ahora no en un “carro nuevo”, sino sobre los hombros de los Levitas.

Alguno dirá “ Ah… usted dice esto porque no vive lo que vivo yo en mi casa: mi marido es de una forma en mi casa y de otra en la iglesia” o “Con mi esposa no se puede vivir, gracias que voy los domingos a la iglesia” o “Mi padre levanta sus brazos en la iglesia y en mi casa dice malas palabras y nos insulta a todos” Portazos, malas caras, insultos, agresiones,… y cuántas cosas más. Si la familia de Obed edom fue bendecida, ¿Por qué no habría de ser bendecida la suya?

¿Qué hacer con esto?

 

La presencia de Dios sana

 

En el libro de Éxodo en el capitulo 15, se nos dice que después que el pueblo de Dios salió de la tierra de los Egipcios, estuvieron tres días sin beber agua. El pueblo murmuró contra Moisés porque las aguas que hallaron eran amargas y no se podían beber. (vs.25) Moisés clamó a Dios, y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron.

Esto es lo que Dios quiere hacer en su casa y en la mía: endulzarla. Así como las aguas de aquel lugar que llamaron Mara, porque era amargas, fueron dulces, así Dios quiere obrar en su casa.

La presencia de Dios hará la sanidad más hermosa que jamás haya visto en su hogar.

Los gritos, las malas palabras, los portazos, la indiferencia, la falta de amor, quedarán atrás. El Señor borrará, y hará de todo una historia del pasado.

Sólo decida llevar su presencia puertas adentro. El hará el resto.

 

Edificando con sabiduría

 

Nosotros los padres edificamos sobre la vida de nuestros hijos en forma permanente. Cuando vemos chicos educados, gran parte del mérito es de los padres. Cuando vemos niños mal educados, también es por la influencia de los padres.

Ninguno de nosotros deja la educación de nuestros hijos en manos de la maestra de la escuela. Ella se ocupa de enseñarle lo que figura en su programa. Somos nosotros los que debemos darles determinados lineamientos. Con el tiempo sabremos si lo hemos hecho bien o hemos fallado.

En lo espiritual ocurre algo semejante. Es muy importante que nuestros hijos vayan a la escuela dominical, y a todos los cultos que la iglesia tenga. Pero es crucial lo que nosotros cada día le enseñemos en el seno familiar. En lo espiritual, también edificamos nosotros sobre ellos: no podemos depender sólo de la maestra de la escuela dominical.

Al arreglar el altar de Dios en nuestro hogar y llevar la presencia de Dios y guiar a nuestros hijos a ella, estaremos edificando sobre sus vidas. Ellos crecerán sanos y fuertes en Dios.

Dice el Apóstol Pablo en 1º Corintios 3:6-14 “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. 7Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. 8Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. 9Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios.

10Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. 11Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 12Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.”

Cuento algunas anécdotas que recuerdo, que creo ayudarán a reflejar lo que quiero decir…

En el año 1980, estaba hablando con un pastor en el parque de una iglesia, y en ese momento viene un niño de unos 7 años. El pastor le toca la cabeza y cariñosamente lo llama por su nombre. El niño lo miró, lo escupió y salió corriendo. El pastor me miró y sólo me dijo: “así hablarán de mí en casa de este pequeño”.

Otro ejemplo: era el año 1994, y había en nuestra iglesia un grupo de adolescentes, uno de ellos de unos 12 años, no concurría a la escuela dominical. Hablé con él, y le pregunte por qué no asistía a estas clases, a lo que me respondió: “ya se todo, no tengo nada por aprender, mi papá me enseña todo” Quedé extasiado por unos segundos y me pregunté -¿tendré al ungido del Señor frente a mi y no lo percibí? Lo miré a los ojos y le dije: “sólo una pregunta voy a hacerte: ¿Cuántos discípulos tuvo el Señor Jesús?” A lo que me contesto, -¡10 discípulos! Lo mire, lo abracé y le dije que no pierda las clases de la escuela dominical, que lo ayudarían mucho. Su padre le hizo mucho mal, le hizo creer que ya no tenía ninguna necesidad de la iglesia ni de la escuela dominical.

Otro caso. Había en la iglesia una joven de unos 16 años de edad, con un futuro bueno por delante. Amaba a Dios. Tenía planeado prepararse en el seminario. En un tiempo, ella comenzó a tener muchos altibajos en su vida espiritual. Se congregaba por períodos. Volvía, se retiraba. Pasaron muchos años, como 12. Hasta que ya con estos años de más un día volvió y habló. Nos dijo que cada vez que salía de la iglesia, con su familia, su padre se encargaba de decirle todo lo que estaba mal: el mensaje del pastor fue malo, el que dirigía el culto lo hacia sin unción, el sonido estaba fuerte o bajo, los cantores desafinaban, los músicos…..los hermanos…..etc. Claro, esto era lo que edificaba su padre sobre ella… y la destrozó.

Es claro lo que dice el Apóstol Pablo: el fundamento es Cristo. Otro edifica encima, pero cada uno mire como sobreedifica. Algunos edifican oro, piedras preciosas. Es decir todas cosas que perdurarán ante las pruebas. Pero otros edificarán heno, paja, hojarasca, cosas que ante el fuego de prueba desaparecerán.

Tenemos como padres la responsabilidad de edificar sobre la vida de nuestros hijos cosas que perduren. Que no dejen raíces de amargura y que no estropeen su vida.

En los ejemplos que mencioné anteriormente, es clara la edificación que hubo de parte del padre. El pequeño que escupió a su pastor. El adolescente al que su padre le hizo creer que sabía todo. La joven cuyo padre le hablaba mal de la iglesia. Todo esto es heno, paja y hojarasca. Ante la menor prueba estos chicos no tendrán armas para enfrentar la situación adversa. ¿Irán ellos a preguntar algo a su pastor? ¿Pedirán ayuda? Creo que es muy difícil que lo hagan. Han escuchado hablar tan mal en su casa del pastor, de la iglesia, de los hermanos… Estarán solos, o lo que es peor, seguirán edificando sobre ellos madera, heno y hojarasca.

Nosotros, como padres, tenemos la obligación de darles determinadas cosas a nuestros hijos, por ejemplo amor, alimentos, ropa, estudio, etc. También tenemos la obligación de proveer lo espiritual. Dice el Apóstol Pablo en 1º Timoteo 5:8 “porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.” Es verdad que el Apóstol dice esto acerca del sostenimiento de las viudas por parte de la familia. Pero si Pablo le daba tanta importancia a lo material en estos casos. ¿Daría esta misma importancia a lo espiritual? ¡Claro que si! Debemos proveer para los nuestros, y mayormente para los de nuestra casa, ya que si no lo hacemos, hemos negado la fe y somos peor que un no creyente. ¡La presencia de Dios tiene que ser palpable en nuestra casa!

 

Tenemos victoria en Él

 

En Génesis 34, vemos la historia de Jacob y sus hijos en tierra de los heveos.

La hija de Jacob, Dina, recorre la tierra para conocer las chicas del lugar, la ve Siquem y abusa de ella. Pero luego se enamora de ella y le pide a su padre, Hamor Heveo, que la pida a Jacob como esposa para él.

Jacob quedó muy turbado. Esperó que vengan sus hijos del campo y les explico lo ocurrido. Los hijos de Jacob estaban indignados e idearon un plan. Les dijeron a los heveos que emparentarían con ellos si se circuncidaban, y así lo hicieron los heveos.

Cuenta este pasaje que al tercer día del peor ardor, fueron Simeón y Leví con sus armas y mataron a todos los hombres del lugar. Dijeron (vs.31) “¿Había él de tratar a nuestra hermana como a una ramera?”

Esto que hicieron los hijos de Jacob no lo podemos hacer en estos tiempos. Esto esta claro.

Pero cuando en nuestra casa el altar de Dios esta en orden, y su presencia es clara, edificamos sobre las vidas de nuestro cónyuge e hijos cosas que tienen valor: Dios nos da armas para que utilicemos ante la adversidad.

Si, Dios quiere que utilicemos las armas que el nos ha dado. La alabanza, adoración, clamor, oración, ayuno, su Palabra. Estas son las armas que Él nos dio. No otras. Simeón y Leví, utilizaron las armas que creían tener. Nosotros tenemos otras armas que no son de este mundo. Imagine una dificultad grande en su casa con uno de sus hijos, imagine también a su esposa/o e hijos sentados en el living de su casa alabando a Dios y clamando a Él por la situación que está viviendo un integrante de la familia, ¿Dios responderá a ese clamor? Claro que si.

Cuando alguno de los integrantes de nuestra casa vive alguna situación difícil, toda la familia tiene que levantarse y buscar la victoria en Dios. Así como Simeón y Leví no se quedaron con los brazos cruzados, nosotros tampoco quedemos así.

¿Su hijo tiene un examen en la escuela? Ore por él. ¿Tiene su hijo problemas en la escuela? No le diga que es un burro o torpe, ore por él, bendígalo. ¿Esta enfermo su cónyuge o hijo? No llame en forma desesperada al médico, ore primero por él y luego llame al médico. Seguramente se sorprenderá.

Cuán distinta hubiese sido la historia de Ananías y Safira si el altar en sus vidas hubiese estado en orden. En hechos capitulo 5, se relata lo ocurrido: vendieron una propiedad y pretendieron engañar a los hombres ignorando al Espíritu Santo. Primero murió Ananías y luego Safira. Si el altar en casa de ellos hubiese funcionado, uno de los dos hubiese dicho “no mintamos”, y todo hubiese estado bien. Pero no….y murieron.

 

La casa llena del olor del perfume

 

Que distinta la historia que sigue. San Juan 12:1-8. Jesús va a la casa de Lázaro, el que había resucitado. Estaban Marta, María, Lázaro y los discípulos del Señor. Dice el vs. 3 “Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume.”

María estaba dándole lo mejor que tenía. Estaba en plena adoración a los pies de Jesús. Dice que la casa se llenó del olor del perfume. Esto me conmovió. Cuando el altar del Señor está arreglado en nuestra casa, ésta se llena del olor de la adoración. Sin duda que es algo especial.

Me contaban unos hermanos de El Salvador, un matrimonio, que ellos acostumbran a orar y buscar a Dios en el fondo de su casa donde hay un aljibe. En una oportunidad dice que estaban allí teniendo su comunión con el Señor y comenzaron a oler un perfume, buscaban la planta de donde saldría ese aroma tan exquisito y no encontraron planta alguna. Hasta que su esposa dijo ¿no vendrá del interior del pozo? A lo que su esposo, ingeniero y conocedor del asunto, dijo: imposible. Se acercaron al pozo y grande fue su sorpresa al oler y descubrir que ese aroma procedía del interior.

Donde está el Señor allí quedan sus marcas, su aroma. Derrame su corazón a los pies del Señor en su casa y ésta se llenará del olor del Señor.

 

Para tener en cuenta

 

Sólo dos consideraciones que estimo son importantes.

Primero. Si no sabe como comenzar a arreglar el altar en su casa, pida ayuda a su pastor. Invítelo a que él o quien él considere, vaya a su casa y ponga en marcha algo tan precioso. ¿Quién puede negarse a semejante invitación?

Segundo. El culto en su hogar con su familia, no reemplaza la reunión en el templo. No se quede en su casa buscando al Señor mientras sus hermanos están dando culto al Señor en el templo.

El culto en su casa y en el templo, no compiten entre sí. Se complementan.

Hebreos 10:24-25

“Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; 25no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

Recuerde lo que dijo David en el Salmo 27:4

“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, Para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.”

O más:

Salmo 133

¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía! 2Es como el buen óleo sobre la cabeza, El cual desciende sobre la barba, La barba de Aarón, Y baja hasta el borde de sus vestiduras;

3Como el rocío de Hermón, Que desciende sobre los montes de Sion;

Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna.”

Recuerde, lo que usted vive en su casa, poténcielo en la iglesia y podrá bendecir el nombre del Señor más y más.