La casa del alfarero

Nelly Esther Boubila de García

LA CASA DEL ALFARERO


El relato que encontramos en el capítulo 18 de Jeremías acerca de la “Casa del Alfarero”, al parecer, daría  a entender que era  un lugar familiar para el profeta.
Tal vez por esa razón,   Dios, simplemente le dice: VE A “LA CASA DEL ALFARERO”, y aunque no se nos da su nombre,  podemos deducir que era  un artesano ya conocido dentro de su tarea.

 

EL OFICIO

La alfarería era un oficio muy común y antiguo en Palestina. También en otros lugares.
Debido al incremento de la agricultura y la ganadería, se había hecho indispensable la fabricación de tinajas y vasijas  con las cuales  poder retener el agua.
De todos los  materiales que se podían utilizar (cobre, bronce, etc),  el  “barro” era el elemento más económico, o por lo menos el que estaba al alcance de todos.

 

EL TRABAJO DEL ALFARERO

El alfarero, debía primeramente amasar el barro con sus pies, y luego, con sus manos, tomar un trozo y comenzar a pedalear sobre la rueda. La rueda era un instrumento muy simple, formado por dos discos que giraban sobre un eje y sobre los que se colocaba el trozo de barro  para comenzar a darle forma y convertirlo en un vaso o jarrón que fuese útil para los usos requeridos.
El barro, así moldeado, le permitía al alfarero obtener una cierta cantidad de vasijas a bajo costo y ganar con ello el sustento diario.

 

EL  DISEÑO

Cuando el alfarero comenzaba su trabajo, generalmente tenía en mente qué clase de vasija quería fabricar. Había de todos los tamaños y formas: pequeñas, medianas, grandes, labradas…
Sin embargo, pese a su empeño en preparar BIEN el material que el  suponía que estaba listo, de pronto, mientras la rueda giraba, y la vasija había comenzado a tomar  forma, ésta se rompía…Quizás algún trozo mal amasado o alguna inadvertida piedra echaba a perder su  obra.
Sin descartar el material pensando que era de mala calidad, y sin frustrarse,  comenzaba a hacer una vasija nueva.
Además, muchas veces, el alfarero descontento con lo que estaba fabricando,  golpeaba el vaso sobre la rueda y comenzaba de nuevo su  tarea. Pero no abandonaba la vasija: la trabajaba  hasta que estuviese lista.

 

LA  SEÑAL  DE  LA  VASIJA  ROTA

¿Cuáles eran las causas, y qué significado tenía la vasija quebrada?
Dentro de las causas, tal vez podríamos pensar que el barro podría haber estado mal amasado, o  que, como hemos mencionado, alguna pequeña piedra producía la quebradura echando de este modo a perder el trabajo. Otra de las razones  se podría encontrar en la escasez  de agua que era necesario añadir mientras el artesano trabajaba, debido a que el barro se secaba fácilmente. Necesitaba tener un recipiente con agua cerca de la rueda.
En cuanto a LA SEÑAL DE LA VASIJA QUEBRADA, DEBEMOS BUSCARLA EN LO QUE DIOS QUERÍA HABLAR A SU PUEBLO A TRAVÉS DEL PROFETA Y NO EN LAS CAUSAS :
Jeremías había sido enviado por Dios a la “casa del alfarero” con una misión muy particular: observar el trabajo que éste hacía   habitualmente. Sólo debía disponerse  a mirar y  tratar de apercibir su oído para escuchar lo que Dios quería decirle, porque, allí -  le había dicho-te haré oír mis palabras; en ese lugar te diré “el mensaje” que quiero trasmitir a mi pueblo. 
Y mientras permanece allí, casi inmóvil, con la mirada fija  en la vasija que estaba sobre la rueda, ésta, de pronto, se rompe. Para su sorpresa, ve que el alfarero no se impacienta: la toma  nuevamente  y comienza a formar un nuevo vaso.
Hasta ese momento, la visita no tenía nada de particular, pero cuando la vasija se quiebra, Dios comienza a hablarle.


EL MENSAJE

“No podré  yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel,  dice Jehová?.  “He aquí que como el barro en las manos del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel” (Jeremías 18:6).
La pregunta en los labios del Señor era una dolorosa queja  que nos muestra cuánto  anhelaba  moldearlos  según su diseño y propósito.
En nuestros días las cosas no han cambiado, Dios sigue empeñado en hacer una vasija conforme a su corazón. Sigue buscando un regreso sincero a la comunión con El. Sigue preguntando: “¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero?”
DIOS TIENE  TODO  EL  DERECHO DE  FORMAR  “SUS” VASIJAS, PORQUE SON PARA SU “EXCLUSIVO USO”.

 

CONDICIÓN ESPIRITUAL EN LA QUE SE ENCONTRABA EL PUEBLO DE DIOS EN ESOS DÍAS

El remanente del pueblo judío que había quedado dentro de las fronteras del Reino del sur, vivían entregados a la idolatría, alejados del verdadero Dios, corriendo en pos de los deseos de su propio corazón: ofrecían sacrificios a los dioses de las naciones vecinas, los altares estaban por doquier.
Jeremías, el último de los profetas mayores del reino del Sur, es enviado a ver, de una manera gráfica, lo que era el deseo del corazón de Dios que anhelaba que su pueblo se volviera de sus malos caminos, porque   los amaba…
¡Qué pocas veces entendemos que Dios nos anhela celosamente y que desea fervientemente tener comunión con sus hijos!.
Si te preguntas: ¿por qué estoy en este encierro, por qué el Señor me lleva por estos extraños caminos, por qué estas pruebas tan dolorosas de crisis y de lágrimas?
LA RESPUESTA es sencilla: El quiere  que tu vaso de barro se rompa y le permitas moldearte.    
DEBEMOS ENTENDER QUE DIOS va a emplear sus caminos, incomprensibles la mayoría de las veces, dolorosos OTRAS, Y QUE Va a golpear la vasija SI ES NECESARIO para quebrarla, o   someterla al fuego de la prueba ( HebreoS 12 TRATA DE “la disciplina del Señor”). 
Quiere que conozcas que El es el mejor alfarero, y que sabe como modelar tu vasija. Cada una es preciosa en sus manos. No te desecha porque te formó del barro, no te descarta. Sólo permítele proseguir la tarea.

¡Qué enorme  similitud  tiene el pasaje del profeta Jeremías  con la obra del “gran alfarero” al comienzo de la creación! Vemos a Dios  inclinado ante su propia obra, tomando del polvo de la tierra para hacer barro y formar al hombre  a su imagen y semejanza; soplar de “su” espíritu sobre  ese ser inanimado para que se transforme en un ser viviente, un ser que tiene vida, vida de Dios, semejanza de Dios. ¡Qué tremendo propósito!   
¿Cómo está nuestra vasija? ¿está siendo transformada a su imagen?
¿Entiendes  el diseño de Dios para tu vida?
¡Qué difícil es pensar que es posible entregarnos confiadamente en sus benditas manos!


MIRANDO NUESTRAS FALLAS     

Mirando nuestras fallas no vamos a avanzar.
La mayoría de las veces nuestra vida está centrada en los errores que cometemos y afligidos por esas reiteradas rebeliones perdemos días condenados, paralizados.
Miremos a David fallando, a Pedro negando a su Señor y Maestro. Al mismo tiempo, mirEMOS al Señor prosiguiendo con estos hombres lo que se había PROPUESTO
Dios  no desconoce nuestra situación, no se olvida que nos formó del “barro”. Por eso dice a través de la pluma del apóstol Pablo: “Pero tenemos este tesoro (a Cristo) en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros…O:”prosigo al blanco”…”corro la carrera no como quien hiere al aire ni mirando lo que queda atrás, sino que me extiendo a lo que está adelante”…”hiero mi cuerpo y lo pongo en servidumbre, no siendo que habiendo predicado a otros, yo mismo  venga a ser reprobado”…
Confiemos que:“Aquel que comenzó la buena obra la terminará”.    
Deja que prosiga con la tarea.

DEJA  QUEBRAR  TU  VASIJA  PARA  QUE  LA  GLORIA DE  DIOS  SE  VEA  EN  TI.