Un Despilfarro Santo

Los pasajes en los que se cita al Señor Jesús cuando es ungido con un perfume de nardo de mucho precio (Marcos 14 y también en los evangelios restantes) son muy conocidos, y también se utilizan como figura de la Iglesia a los pies del Señor.
Dentro de la belleza de ese pasaje, observo algo que me disgusta sobremanera: la actitud de algunos que se enojaron ante semejante “desperdicio” (Mar. 14:4).
Esto me lleva a la consideración siguiente: ¿Juzgamos nosotros también como un “desperdicio” la alabanza al Señor? ¿Pensamos que es “exagerado” el amor y la gratitud que le mostramos al Señor en el culto público y en el doméstico? ¿Mezquinamos al Señor nuestras expresiones de afecto, procurando ahorrarlas con diferentes pretextos, tales como falta de tiempo, etc.?
Si quedase alguna duda en cuanto a lo necesario de nuestra olorosa y perfumada entrega, pienso que quedaría resuelta al leer en el mismo evangelio de Marcos el pasaje sobre “el gran mandamiento” (Mar. 12:28). El Señor Jesús responde a uno de los escribas sobre cuál era el primer mandamiento de todos, que es ni más ni menos que amar al Señor con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente -y además- ¡con todas nuestras fuerzas! Ninguno de los tres elementos del ser humano queda exento de este triple homenaje de amor: espíritu, alma y cuerpo. Además, se asegura en el versículo 33 que esto es más que todos los holocaustos y sacrificios. Y en Oseas 6:6 añade también el conocimiento de Dios.
Ante estas realidades bíblicas y ante las mismas palabras del Señor Jesús, sólo nos queda una solución: pagar al Señor rápidamente nuestros atrasos de amor y afecto, pidiéndole además perdón por considerar excesivas nuestras muestras de cariño y dedicación.
Que nuestras palabras de amor puedan ser como ese perfume precioso derramado por María sobre el Señor, y aun en el caso de que los demás no nos comprendan o consideren un despilfarro nuestra canastita con la ofrenda amorosa, ello no nos impida derramarnos a sus pies, porque ya que nos ha perdonado tanto, de la misma forma debemos amarlo (Luc. 7:43).

Josué Bloss

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