11) Todo lo excusa
En otras versiones la palabra excusa es traducida como sufre. En el caso que nos ocupa las dos formas son valederas, puesto que la excusa implica perdón, y en el perdón que Dios nos ha otorgado hay sufrimiento.
Volvamos a considerar en el presente apartado lo que hemos estado considerando en cada uno de ellos: Dios, que es amor, todo lo perdona.
En esto radica la seguridad de nuestra solución: en que todo lo excusa. Es que todos nuestros pecados han sido perdonados. He aquí, amargura grande me sobrevino para mi bien, mas tú tuviste a bien librar mi vida del hoyo de corrupción; porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados (Isaías 38:17).
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; y Jehová cargó sobre El la iniquidad de todos nosotros (Isaías 53:6).
Hemos señalado estas escrituras para que podamos darnos cuenta de que la base del amplio perdón recibido está en que el Señor llevó sobre sí la iniquidad de todos nosotros.
Lo que estamos considerando es la palabra todo, y esta palabra incluyente la vemos puesta en práctica en la misma agonía del Señor, que, pendiendo en la cruz perdona a los que no le pedían perdón, sino que en vez de arrepentirse le estaban injuriando. Si perdonó a los que no se arrepintieron, ¿cómo no perdonará a los que le hemos suplicado que nos perdone?.
No hay duda que si el perdón es para todos los pecados, nuestra solución es segura.
Pedro, en casa de Cornelio, dijo de Jesús: De éste dan testimonio todos lo profetas, que todo el que crea en El, recibirá perdón de pecados por su nombre (Hechos 10:43).
En la presente consideración del Nombre de Dios podemos entender que, por la amplitud del perdón, no es de extrañar que se nos diga: ...¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? (Hebreos 2:3).
Si bien el amor (que es Dios), todo lo excusa, no ha sido esta excusa de parte de Dios algo liviano, sino que ha implicado, y todavía para El implica sufrimiento. De ahí que se traduzca ese atributo como sufrimiento: todo lo sufre.
Es que el sufrimiento vicario del Señor Jesús, es un sufrimiento más allá de nuestra humanidad: ¿no os conmueve a cuantos pasáis por el camino? Mirad, y ved si hay un dolor como el dolor que me aflige; porque Jehová me ha afligido en el día de su ardiente furor (Lamentaciones 1:12).
En esta declaración bíblica se manifiesta la exquisitez del sufrimiento de Dios.
Una lectura piadosa del capítulo 53 de Isaías, no hará comprender tamaña verdad.
No sólo Dios nos perdona todo, sino que para perdonarnos tuvo que sufrir, bebiendo el cáliz del dolor hasta las heces: Y El se apartó de ellos a una distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas, oraba, diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre engrumecidas que caían sobre la tierra. (Lucas 22:41-44).
La sensibilidad, la santidad y la pureza de Dios es más sublime que la del hombre, por lo cual el contacto con el pecado hace el sufrimiento más terrible. Además por si acaso el dolor no fuera suficientemente intenso, el Señor Jesús en la cruz declinó la anestesia que en un rapto de misericordia la ofrecieron sus verdugos: Y le daban vino mezclado con mirra, pero El no lo tomó (Marcos 15:23).
Están bien las dos palabras que se usan en diferentes versiones de la Biblia: excusa y sufre porque el perdón vino a través del exquisito sufrimiento del Señor.
En la imitación que debemos hacer de la persona de Dios es preciso tener bien claro que lo mismo que El sufrió perdonando, nosotros también tenemos que sufrirlo. Pero debemos tener muy en cuenta que el sufrimiento que ha de repercutir forzosamente en lo físico, habrá sido dirigido a nuestra vida espiritual, ya que si sólo sufriéramos en lo físico sería una señal evidente de que no hemos alcanzado a vivir en el Espíritu, sino que aún estamos viviendo en la carne.
El Señor percibió el sufrimiento en los tres elementos: cuerpo, alma y espíritu, pero nunca dejó de ser Dios que es amor.
En una genuina imitación de Cristo no hay que dar lugar a la carne que sería poner en funcionamiento la autolástima que siempre nos asecha. Sufrir en la altura de la santidad. Esto es vivir como lo que debemos ser: cristianos espirituales.12¼) TODO LO CREE
Creer es tener fe. Tener fe es saber, es decir, estar seguro de que lo que no se ve es lo que se espera, y es visto por la propia seguridad. Esta es la conclusión que sacamos de Hebreos 11:1: Ahora bien, la fe es la firme seguridad de las realidades que se esperan, la prueba convincente de lo que no se ve.
El amor, que es Dios, tiene como uno de sus atributos, (y este comunicable): la fe. Así también la deben tener los creyentes.
Tened fe en Dios de Marcos 11:22 debe ser traducido: Tened la fe de Dios. Y esto concuerda en lo que está escrito en Hebreos 12:2: ... puestos lo ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe....
La fe es un regalo de Dios a los hombres para que sean salvos por esta fe que les es dada por gracia ... por gracia habéis sido salvados, por medio de la fe; y esto no proviene de vosotros, pues es don de Dios... (Efesios.2:8).
En 1» Corintios 12:8-9; también encontramos que la fe es un don otorgado por el Espíritu Santo. Vale decir con toda esta evidencia que la fe procede de la misma persona de Dios, y que en El no tiene fluctuaciones. Por eso todo lo cree.
En las fluctuaciones de la fe que recibimos y por lo cual debemos ser fortalecidos a causa de estas, no podemos creerlo todo, no en el sentido de la incredulidad de ciertas fantasías, que no son sino fantasías y no realidades. Creerlo todo es creer en las realidades que se esperan. Sin embargo en la debilidad increíble de nuestra poca fe, (cuando ésta es poca) algunas realidades dejan de serlo en lo que precisamente decimos: la debilidad de la fe.
En Dios no sucede esto, porque El es una realidad absoluta, y saber y creer, para El es lo mismo.
Por tanto en nuestra insistente imitación de su persona la fe, recibida como un don de Dios, debe corresponder a la realidad que se espera, para así poder decir que lo creemos todo.
Se impone hasta aquí un alto en el camino para considerar la manera en que esta fe, recibida de Dios, puede ser fortalecida.
No podemos dejar de detenernos en esto, puesto que la poca fe no puede mover montañas, ni calmar tempestades. El Señor Jesús tuvo que increpar la tempestad cuando ésta se desencadenó mientras iban en la barca. El y sus discípulos que no atinaron a echar mano de su fe porque era poca o más bien expresado, era débil. Y el Señor lo dijo con estas palabras: ¿Por qué teméis hombres de poca fe? (Mateo 8:26).
La poca o débil fe, se aumenta y fortalece en el ejemplo que tenemos de uno que siendo hombre y no Dios sabía cómo fortalecerse. Este fue Abraham: ... el cual es padre de todos nosotros (Romanos 4:16) que ... se fortaleció en fe, dando gloria a Dios (Romanos 4:20).
De lo cual, concluimos que para que podamos creer con absoluta seguridad los hechos de las realidades que se esperan el camino es el fortalecimiento de la fe de Dios, que El nos ha dado ...una vez por todas (Judas 3). Y este fortalecimiento se adquiere como hemos visto en Romanos 4:20, dándole gloria a Dios.
Realmente el culto de alabanza y adoración que ofrecemos cada día a nuestro Dios es una de las acciones más importantes que debe llevar a cabo un creyente en Cristo y como recompensa de parte de nuestro Dios soberano, tenemos el fortalecimiento de nuestra fe para creerlo todo.
Jorge Pradas