Mirad a mí... Isaías 45: 22.
En mi casa, en España, acostumbro a leer un periódico argentino para estar al tanto de lo que ocurre por aquellas latitudes, y al hacerlo, me siento un masoquista porque todas las noticias son malas. «Mataron a un joven para quitarle la bicicleta, a otro para quitarle el abrigo, los gremios sindicales en huelga, la desocupación aumenta, el Fondo Monetario Internacional exige que se aumenten los impuestos... algo tremendo en mi querida patria.
Por otra parte, la iglesia en Argentina junto a la de otros países latinoamericanos está enviando muchos misioneros a diversas partes del mundo, y estos misioneros necesitan el apoyo económico de sus iglesias para hacer la obra del Señor. De esas iglesias económicamente pobres salen muchos misioneros y un alto porcentaje de ellos tiene problemas para su sostén y debe trabajar. ¿Qué hacer?
En medio del caos reinante y en un momento de tremenda confusión, en un momento en que nos espanta ver el desprecio que tiene el hombre por la vida, la moral y la familia, no es solución la guerrilla que mata indiscriminadamente, tampoco la tan mentada globalización, que distribuye el dinero y el trabajo de una forma tremendamente injusta. Las guerras por conquistar territorio en distintos lugares del planeta, que son algo tan cruel como nunca lo habían sido. No son la solución las guerras, las guerrillas, la globalización, u otros inventos provenientes del infierno; no solucionan ni solucionarán nunca los grandes problemas que aquejan al Planeta Tierra. Pero Dios sí puede resolverlos, El tiene todo el poder para hacerlo y nos invita a que le miremos, a que prestemos atención a lo que nos quiere decir: Paraos en los caminos, y mirad... (Jeremías 6:16).
Creo que también es un llamado a la Iglesia del Señor. Pareciera que también ella ha caído en esta trampa infernal. Tímidamente en distintos lugares, se reúnen los pastores de las distintas denominaciones para tener encuentros mensuales, en las que se trata de programar actividades en conjunto y allí también el enemigo ha sembrado su semilla. Todas las actividades tienen un marco común: el método. Si han de reunirse para orar será de acuerdo al método enseñado por tal o cual organización (no eclesiástica) que según dicen da muy buen resultado. No importa si no es tan bíblico pero sí que funcione. Hay que torcerle la mano a Dios. Si se ha de evangelizar será de acuerdo a los métodos que hoy están en boga con campañas multitudinarias en las que cientos de personas se entregan a Cristo y allí se las tomarán con el diablo desafiándolo, insultándolo y maldiciéndolo porque hay que torcerle la mano al diablo. Cuando leo el versículo nueve de la carta de Judas, pienso que al enemigo no se lo puede subestimar. Y como resultado de este método de evangelización, que respeto pero no comparto, en las ciudades donde se han realizado son más lo creyentes que están fuera de la iglesia que los que están dentro de ella. ¿No sería oportuno releer la Biblia y buscar allí el método?. En Mateo 28:19 nos dice que debemos ir y hacer discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.
= Hacer discípulos, no sólo creyentes. En Santiago 2:19 dice que también los demonios creen, y tiemblan. En Hechos 2:38 en respuesta a los que compungidos de corazón preguntaron ¿qué haremos? Pedro les contesta: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Un discípulo es alguien que ha hecho mucho más que levantar la mano o que ha repetido unas palabras en oración. Es alguien a quien el Espíritu Santo ha tocado y experimenta un cambio profundo en su vida.
= Allí comienza a vivir una vida nueva junto a Cristo, su Señor,e inicia su discipulado bautizándose (como Cristo), y aprendiendo de su Señor
= Bautizándolos: A causa de que le hemos dado un muy fuerte énfasis a la fe, cosa muy acertada, le hemos restado importancia al bautismo, cosa muy desacertada porque la Escritura le da también mucha importancia. El que creyere y fuere bautizado, será salvo (Marcos 16:16). Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas (Hechos 2:41)
= También ocurre que en algunas denominaciones los nuevos convertidos deben hacer cursos de aproximadamente dos años y en el transcurso de ese tiempo se desaniman. En los ejemplos que tenemos en la Escritura eran bautizados de inmediato, sin cursos de preparación.
= Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: La enseñanza en la iglesia es algo a lo que el Señor le da mucha importancia, tanto que en Efesios 4:11, donde se mencionan los ministerios, el último de ellos es el de maestro. Algunos hermanos entienden que el pastor es también maestro y otros que es un ministerio aparte. No importa, sea como fuere, la iglesia debe ser enseñada por aquellos a quienes el Señor ha capacitado como maestros, y éstos deben enseñar lo que su Maestro les ha enseñado. Si tuviéramos estos maestros que enseñan sólo lo que el Señor ha enseñado, sin esos bellos agregados, no existirían tantas denominaciones distintas. No a los métodos, no a los sistemas, no a los reglamentos, no a las normas, sí a la Palabra de Dios, nuestra querida Biblia, Sí a la libertad con que Cristo nos hizo libres (Gálatas. 5:1).
Por último, pienso que ha llegado el momento en que nos detengamos, miremos la senda antigua, busquemos al Señor con todo nuestro corazón y de esta manera podamos tener claridad en nuestro servicio. Nuestra vida encontrará el rumbo verdadero y no seremos confundidos fácilmente, con las cosas nuevas que están surgiendo cada día por hermanos bien intencionados pero que han perdido de vista al Señor. Tal vez estos hermanos sepan mucho del Señor, pero difícilmente tengan una vida de íntima comunión con El.
No sé si de esta manera resolveremos los grandes problemas que aquejan al mundo, pero sí sé que estando en la voluntad de Dios podremos hacer mucho más que lo que estamos haciendo.
Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.
Tomás Yokogawa